Mi nombre es Raúl López y mi relación con los coches no empezó como un negocio.
Empezó mucho antes, casi sin darme cuenta.
Uno de mis primeros recuerdos claros es con ocho años, cuando mi madre me regaló una maqueta de un Ferrari F40 negro. Aquello no fue un juguete más. Fue la primera vez que entendí que un coche podía despertar algo distinto: una mezcla de admiración, curiosidad y ganas de ir más allá de lo evidente.
Con el paso de los años, esa inquietud se transformó en obsesión. Primero desde el lado más pasional: la estética, el sonido, el detalle. Más adelante, ya con coche propio, se convirtió en una necesidad constante de entender cómo transformar un coche, cómo hacerlo diferente y cómo sacarle todo su potencial.
Mi primer coche nuevo, un BMW Compact 320 con paquete M, marcó un punto de inflexión.
A partir de ahí llegaron los foros, las comunidades, las horas delante del ordenador recopilando ideas y referencias, y finalmente la creación de mis propios grupos, donde organizábamos quedadas y compartíamos cada paso de nuestras transformaciones.
Ese coche terminó completamente modificado: carrocería, llantas, suspensión, motor, interior.
No por exhibición, sino por aprendizaje. Cada cambio era una decisión. Y cada decisión enseñaba algo.
Con el tiempo llegaron coches más potentes, importados desde Alemania, y una visión cada vez más completa del mundo del motor. En paralelo, trabajaba en la hostelería dentro del negocio familiar. Tenía estabilidad, pero no plenitud. Sabía que no era mi sitio.
En 2011 tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: dejar la barra, dejar los cafés y apostar por lo que de verdad me movía.
Así nació GTR Auto, primero desde casa y más adelante con instalaciones propias, equipo y estructura. Huelva, Sevilla y finalmente Madrid. Cada etapa fue una evolución natural de la anterior.
Durante esos años trabajé con coches desde todos los ángulos posibles: customización, performance, carroceria, venta de accesorios de alta gama, compra, importación y venta de vehículos, muchos de ellos transformados desde el origen.
Todo formaba parte de una misma forma de entender el coche, siempre con un nivel de exigencia muy alto y una implicación casi enfermiza por el detalle y el resultado.
Con el tiempo, el foco del negocio se fue centrando cada vez más en la compraventa e importación, sin abandonar la customización como elemento claramente diferencial.
Llegó un punto en el que di un paso más allá de lo habitual en el sector.
No solo comprába, importába y vendía coches: customizába unidaes propias con componentes desarrollados por mi mismo.
Cree línea propia de llantas, incluyendo una gama forjada, y en algunos proyectos incluso llegando a montar sistemas de escape propios.
Desde el punto de vista del negocio tradicional, aquello era casi una locura. Mientras el sector busca invertir lo mínimo para maximizar margen, yo hice justo lo contrario. Llegué a montar llantas forjadas a medida con costes superiores a 5.000 € en coches destinados a la venta.
Contra toda lógica. Pero totalmente coherente con mi forma de trabajar.
Ese enfoque alcanzó su punto más alto entre 2021 y 2022, con unas instalaciones en Collado Villalba que se convirtieron en una auténtica boutique del automóvil. Porsche, Ferrari, Lamborghini convivían con un nivel de presentación y personalización poco habitual en el mercado.
Fue el cénit del proyecto. Un sueño cumplido.
Y, precisamente ahí, empezó el cambio.
No fue una caída, sino un desgaste progresivo. A medida que el negocio crecía, también lo hacían la presión, la responsabilidad y el coste personal. Los años siguientes fueron exigentes a todos los niveles y atravesé una etapa dura, tanto profesional como personalmente.
Parar y mirar con honestidad se volvió inevitable.
Con el tiempo entendí algo fundamental: no siempre el problema es que algo vaya mal, sino que algo haya llegado a su límite.
Había tocado un techo profesional que durante mucho tiempo no quise ver, y mis prioridades empezaban a ser otras: más equilibrio, más tiempo para mi familia y una forma distinta de trabajar.
A finales de 2023 tomé una decisión difícil, pero necesaria: cerrar una etapa que me había dado muchísimo, pero que ya no encajaba con la vida que quería construir.
De esa reflexión nace The Custom Holic.
No como una tienda.
No como un taller.
No como un escaparate de coches.
Sino como una marca personal que recoge toda una trayectoria: la customización, el performance, la compraventa, la importación, el negocio… y, sobre todo, la mentalidad que hay detrás de todo eso.
The Custom Holic es un sitio donde comparto criterio real, procesos reales y aprendizajes reales.
Sin humo.
Sin adornos.
Desde la experiencia.
Esta es mi historia.
He hecho suficiente para saber lo que quiero construir ahora. Y con quién construirlo.