El primer proyecto que dejó de ser un coche y pasó a ser estrategia.
Cuando empecé con este BMW 335i E93 ya llevaba un par de años trasteándolo. Vendía accesorios desde mi tienda online y, como era lógico, el coche iba recibiendo piezas. Pero en 2013 entendí algo importante: si quería que la gente me tomara en serio, necesitaba algo más que un coche modificado. Necesitaba un coche reconocible.
No quería que dijeran “qué 335 más bonito”. Quería que dijeran “ese es el coche de…”.
Ahí cambió la mentalidad.
Hasta ese momento había estado probando cosas. En 2013 decidí construir un escaparate real. Un coche que representara exactamente lo que vendía y cómo entendía este sector.
A nivel mecánico no era postureo. JB4 con siete mapas, downpipes, escape performance, admisión de carbono y turbos híbridos. El coche rondaba los 420 cv en configuración habitual y con mapa específico para bioetanol llegaba a los 480. Automático, sí. Pero empujando como tenía que empujar.
En chasis montamos KW Variante 2, discos nuevos, pastillas con compuesto cerámico, latiguillos metálicos y líquido de altas prestaciones. Si iba a tener potencia, tenía que tener coherencia. Siempre he pensado que acelerar es fácil. Lo difícil es que todo el conjunto tenga sentido.
La parte estética fue donde realmente se entendió la intención del proyecto. No queríamos un BMW M3 falso. Eso me ha parecido siempre el camino fácil. Ensanchamos las aletas traseras en chapa hasta medidas originales de M3 E93, usamos las aletas delanteras originales del M3 pero eliminando la branquia y adaptando el intermitente original del E93. El paragolpes trasero fue un híbrido entre M3 y Pack M porque la idea era clara: que fuera un BMW 335i más ancho, no una copia.
Paragolpes delantero M3, capó original de M3 con las entradas selladas porque no eran funcionales. Todo trabajado para que pareciera OEM, con proporciones correctas y sin artificios innecesarios. Si no sabías lo que estabas mirando, parecía salido así de fábrica.
Lo pintamos en gris plata satinado y cambiamos completamente el interior a marrón teja. En aquella época eso no era lo habitual. Las llantas Forgestar F14, 9,5×19 Deep Concave delante y 10×19 Super Deep Concave detrás en acabado dorado, terminaron de darle identidad. Fue una decisión arriesgada. Precisamente por eso funcionó.
El coche empezó a moverse por eventos, redes y prensa. Salimos en motor.es. Generó visibilidad real. Generó clientes. Nos convertimos en dealer de Forgestar en España y vendimos muchísimos juegos de llantas gracias a ese proyecto. Se amortizó con creces.
Y aquí viene lo importante.
No fue un coche para gustar a todo el mundo. Fue un coche para posicionarme. Para dejar claro que no hacía modificaciones al azar, que no seguía modas sin entenderlas y que no copiaba lo fácil.
Fue el primer proyecto realmente profesional. El primero donde entendí que un coche puede ser marketing, puede ser estrategia y puede ser negocio si está bien pensado.
¿Lo haría igual hoy?
Conceptualmente, sí. Sin dudarlo. Aunque hoy montaría unas forjadas propias en lugar de las Forgestar. Pero la mentalidad sería la misma.
Ese 335i no fue el mejor coche que he hecho pero si uno de los que mas trabajo conllevó.
Fue el que me enseñó cómo quería hacer las cosas. Y eso es mucho más importante.