En 2021 tomé una decisión que, siendo frío, no tenía demasiado sentido.
Compré un Audi R8 V10 Plus de más de 600 caballos… para venderlo.
Y decidí invertir en él como si fuese a quedármelo.
Ese fue el primer test real de mi propia línea de llantas forjadas.
En España nadie compra un coche para venderlo y le monta un set forjado a medida. Lo normal es poner separadores, cuatro detalles estéticos y sacarlo al mercado lo antes posible.
Yo hice lo contrario.
Llantas forjadas, vinilos bien pensados y un set de muelles que bajaba el coche lo justo para mejorar presencia y comportamiento sin romper el equilibrio del conjunto. Nada exagerado. Nada forzado. Todo en su sitio.
No era una cuestión de rentabilidad inmediata. Era una cuestión de posicionamiento.
Si iba a crear una línea de llantas propia, el primer coche que las montara tenía que estar a la altura. Y no se me ocurrió un banco de pruebas más exigente que un R8 V10 Plus.
Ese proyecto no fue el más radical.
Fue el primero donde decidí jugar a largo plazo.
Y cuando decides jugar a largo plazo, haces cosas que otros no se atreven a hacer.