Antes de The Custom Holic, esto es lo que hice.
ETAPA BMW M — Cuando el método se consagró.
Hubo una estapa en la que decidí apostar fuerte por la generación F de BMW M: M2 F87, M3 F80 y M4 F82. No eran coches sueltos. Era una línea clara.
Altura en su punto. Carbono en su punto exacto. Llantas con setup clavado. Nada improvisado. Nada exagerado.
No se trataba de “tocar” un BMW M. Se trataba de hacerlo mejor sin romper lo que ya funcionaba.
Entre 2021 y 2024 configuré y se vendieron: 6 M2 / 6 M3 / 6 M4 — 18 unidades con el mismo método. Con un valor medio cercano a los 57.000€ por unidad.
Aquí el riesgo era mayor. Porque modificar un M no es como modificar cualquier coche y mucho menos para venderlo.
Aquí muchos no se movían por miedo… y otros por pereza. Y, sin embargo, el mercado respondió.
Porque cuando planteas algo distinto, coherente y bien ejecutado, cuando tienes criterio y gusto,
hay cliente que lo entiende, lo valora y lo paga.
Eso fue lo importante. No el número. No el volumen. La confirmación de que el método funcionaba incluso donde otros no se atrevían a salir del carril.
ETAPA VW Golf GTI — Cuando el método empezó a escalar.
Aquí no hubo postureo. Hubo lectura. Durante esos años el mercado pedía algo claro: coches accesibles, con imagen, bien configurados y listos para disfrutar desde el primer día. El Golf GTI y el Clubsport eran el terreno perfecto.
Muchos los vendían.Pocos los entendían. No se trataba de bajar cuatro muelles y montar cualquier llanta. Se trataba de elegir bien la base, acertar con la configuración, ajustar proporciones, escoger el acabado correcto y crear un conjunto coherente que tuviera salida inmediata.
El resultado fueron 19 unidades de Mk7 / Mk7.5 / Clubsport. Blancos, negros, rojos, grises. Cada uno con un spec visualmente distinto. Cada uno con intención.
Aquí entendí algo importante: cuando el criterio es sólido, no dependes del segmento. Puedes tener un Ferrari o un Golf. Si no sabes qué tocar y por qué, es solo un coche más.
Cuando entiendes el mercado antes de que sea evidente, cuando aplicas método y no improvisación, y tienes el suficiente valor —o estás lo suficientemente “loco”— como para hacer lo que otros no se atreven, puedes repetir resultados.
Y cuando repites resultados, deja de ser suerte.